La televisión pública

El nacimiento de la televisión no sólo consistió en unir en un aparato imagen y sonido, sino que pronto se convirtió en un canal de comunicación más, y con el tiempo en el canal prioritario para comunicar. Sin embargo, la televisión no era un aparato doméstico que tuviera mucha gente, por lo que desarrollarla con fines privados a priori era algo difícil. Es entonces que la televisión siempre ha estado unida al Estado, de manera que además de impulsarla se dedicó a fijar límites a la misma. Es decir una televisión no regulada permitiría transmitir mensajes que nunca en otro canal o de modo educativo se permitiese por el Estado. La televisión, además de estar unida desde sus inicios al servicio social, este hecho sigue justificándose con el argumento de más libertad para todos a través de la regulación.

Además de justificarse la televisión como unión al Estado desde el ámbito económico y jurídico, también es obvio que esté en el ámbito social de ésta. Este medio ha llegado a ser tan importante que existen muchas voces privadas en la misma, ya sea desde anuncios a cadenas privadas de televisión que emiten mensajes propios al margen de la tendencia de la sociedad, aunque puedan éstas crear nuevas tendencias o responder a necesidades sociales. Sin embargo nunca se hará con un propósito social y colectivo, sino que el fin último es el lucro.

Por tanto, es obvio que en el canal exista una voz (la cadena de televisión pública) dentro de este medio que represente a la sociedad, sus demandas, aversiones, tendencias en cualquier ámbito etc. Es por esto que la sociedad se reserve para expresarse un hueco entre tanto mensaje privado que no responde a intereses comunes sino individuales.

Relacionado con la política, otra justificación que se podría añadir es que, a pesar de existir debate o interés en la política por parte de cadenas privadas, éstas se hacen con fines electoralistas, partidistas e intereses propios. De ahí que la cadena pública se proponga como una forma de divulgación neutra (aunque no se consiga) de la vida política, para dar a conocer propuestas y mejorar así el sistema democrático y reforzar el papel del Estado.

En conclusión, la televisión pública es algo necesario pues es una representación del interés general frente al particular que proponen las cadenas privadas, y ejerce su papel para mantener la igualdad de condiciones en cualquier ámbito (mercantil, opinión pública…). Es por ello que valores de respeto, igualdad, democracia… estén presentes en la televisión pública, mejor o peor reflejados.

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La Televisión Pública en la sociedad contemporánea

 Los servicios públicos de la televisión ofrecidos en la sociedad siempre han tenido diferentes interpretaciones y diferentes puntos de vista como rol en el contexto de la sociedad actual. Lo que nadie puede negar, pues está más que a la vista y demostrado, es que estas cadenas, a pesar de ofrecer este servicio “gratuito” (todos pagamos como ciudadanos un pequeño cánon para que esto sea posible), siempre les mueve algún tipo de interés y conveniencia. Frecuentemente (por no decir, siempre) estos intereses se deben a fines políticos y/o económicos.

Originalmente y a lo largo de la historia, la televisión ha permitido a muchas familias informarse de sus alrededores, informarse de lo que ocurría más alla de su pequeño pueblo y de su barriada, informarse de lo que ocurría en la provincia de al lado, de lo que ocurría en la comunidad autónoma española más lejana a su localidad, e incluso les daba la posibilidad de averiguar que ocurría en esos momentos no solo en la otra punta de Europa, sino de todo el planeta en su totalidad. Una imagen clásica de nuestra sociedad hace 30, 40 o incluso 50 años sería el hecho de que toda la familia junto a vecinos y amigos estuviera sentada en el salón de casa, alrededor del televisor, mirando la televisión, la cual posiblemente tenía un canal o dos solamente, y aquello se convirtía en una auténtica reunión lúdica- social, donde todos observaban hipnotizados aquello que por la pantalla salía. Podían ser noticias, podían ser deportes, publicidad… pero allí estaban ellos comentando lo que ocurría por la televisión. No solo lo comentarían durante la propia programación, sino que posteriormente hablarían de ello con el resto de la gente de su localidad. “¿Has visto esto que ha salido en la tele? ¿Has visto lo otro?”, desenlazando de tal forma, más adelante y poquito a poco a ser un medio de comunicación que actúa como modelo de conducta para la sociedad. A la vista está, hoy en día mucha gente da por válido y verídico lo que sale o dicen por la televisión, sin analizar quien lo dice y porqué razones lo puede estar haciendo.

Este es un hecho que debemos considerar en profundidad, pues son muchas las cadenas que actuan y programan dependiendo de su inclinación política, o mejor dicho, dependiendo de la inclinación política de quien manda en esos momentos, dependiendo de quien tiene el poder en esa determinada época. A raíz de esto se produce que a la población no le llegue la información 100% objetiva, pues siempre se ve modificada o alterada debido a unos intereses políticos particulares, que a largo plazo, siempre conllevan unos intereses económicos. Asímismo, este factor de modificación de la realidad en la información televisiva, conlleva también una notable manipulación de la sociedad a la larga, pues ésta solo está recibiendo la información que un pequeño grupo quiere que reciban. Esto no debería ser así, todos deberíamos tener información verídica. De esta forma nos harán falta muchas fuentes diferentes de información, para contrastarlas y analizarlas y quedarnos con lo que parezca más objetivo.

En fin, esto siempre ha sido así, el poderío político siempre se ha impuesto en los medios de comunicación, y siempre ha beneficiado a unos pocos, sin importarle mucho esa “cultura manipulada” que ofrecen y de la que bebe la mayor parte de la sociedad. Por supuesto, no se puede generalizar ya que no todas las cadenas televisivas actúan así, sin embargo, la inmensa mayoría lo hacen. Además, esto irá a más.