Televisión pública

La televisión pública española  actualmente puede que sea la única salida que les quede a las producciones culturales de cierta calidad y a los programas que buscan algo más que entretener y aletargar a las mentes de los espectadores, aunque estos contenidos los podemos encontrar en  la parrilla simplemente como una declaración de buenas intenciones, prácticamente impuestos por algunos grupos que, acertadamente, se resisten a que la cultura desaparezca de la televisión pero  que la audiencia en su mayoría ignora. Un ejemplo de esto es la  caída en picado de las audiencias de “La 2”,  que incluso intentando hacer programas culturales de masas no consigue que estos despierten el interés de un público lo suficientemente amplio.  Pero pese a no ser rentables,  se debe reservar un espacio en la programación para la conservación de estos oasis de cultura, aunque simplemente estén para hacernos sentir mejor y no tener una completa sensación de desamparo. Esta sola razón justifica totalmente la existencia de unos servicios de televisión públicos.

Esto  si hablamos de cultura en televisión, pero hablando de política, que es el tema que trata nuestro blog, la cosa es un poco diferente. Cuando se habla de política en la mayoría de las televisiones públicas españolas, hablamos de parcialidad, manipulación e incluso corrupción. Unas televisiones que son controladas por los gobiernos que las financian para que los mensajes emitidos por ellas sean los que más les convenga y que se alejan mucho de la pluralidad que debería predominar en sus contenidos políticos. En este caso la televisión pública es la causa de muchos conflictos y en ocasiones de lecturas aberrantes que pueden llegar a ser peligrosas. Es el caso de televisiones como “Canal 9” o “Telemadrid”  que convierten sus apartados políticos en púlpitos para los políticos que los controlan, pero no solo las televisiones más famosas por estos temas sufren de esta lacra, cuando se nos nombran televisiones como TV3 o ETB siempre podremos adivinar en que línea estará dirigido su discurso.

No creo que sea posible eliminar totalmente la subjetividad de la televisión pública, entre otras cosas porque la objetividad no existe, pero sí que se debería  conseguir convertir a las televisiones  públicas en un territorio prácticamente neutro donde podamos confiar en encontrar una información veraz y sin filtros que garantice la pluralidad. Lo más parecido que podemos encontrar a esto actualmente son los informativos de TVE, curiosamente líderes en audiencia  no solo de los otros informativos sino de la mayoría de la programación, lo que aporta un rayo de esperanza a los que creen en la televisión pública y  en su utilidad. Si consiguiéramos unir la cultura de calidad y el pluralismo político en nuestras televisiones no  nos tendríamos que intentar justificar las razones de la existencia de un servicio de televisión público.

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La televisión pública

El nacimiento de la televisión no sólo consistió en unir en un aparato imagen y sonido, sino que pronto se convirtió en un canal de comunicación más, y con el tiempo en el canal prioritario para comunicar. Sin embargo, la televisión no era un aparato doméstico que tuviera mucha gente, por lo que desarrollarla con fines privados a priori era algo difícil. Es entonces que la televisión siempre ha estado unida al Estado, de manera que además de impulsarla se dedicó a fijar límites a la misma. Es decir una televisión no regulada permitiría transmitir mensajes que nunca en otro canal o de modo educativo se permitiese por el Estado. La televisión, además de estar unida desde sus inicios al servicio social, este hecho sigue justificándose con el argumento de más libertad para todos a través de la regulación.

Además de justificarse la televisión como unión al Estado desde el ámbito económico y jurídico, también es obvio que esté en el ámbito social de ésta. Este medio ha llegado a ser tan importante que existen muchas voces privadas en la misma, ya sea desde anuncios a cadenas privadas de televisión que emiten mensajes propios al margen de la tendencia de la sociedad, aunque puedan éstas crear nuevas tendencias o responder a necesidades sociales. Sin embargo nunca se hará con un propósito social y colectivo, sino que el fin último es el lucro.

Por tanto, es obvio que en el canal exista una voz (la cadena de televisión pública) dentro de este medio que represente a la sociedad, sus demandas, aversiones, tendencias en cualquier ámbito etc. Es por esto que la sociedad se reserve para expresarse un hueco entre tanto mensaje privado que no responde a intereses comunes sino individuales.

Relacionado con la política, otra justificación que se podría añadir es que, a pesar de existir debate o interés en la política por parte de cadenas privadas, éstas se hacen con fines electoralistas, partidistas e intereses propios. De ahí que la cadena pública se proponga como una forma de divulgación neutra (aunque no se consiga) de la vida política, para dar a conocer propuestas y mejorar así el sistema democrático y reforzar el papel del Estado.

En conclusión, la televisión pública es algo necesario pues es una representación del interés general frente al particular que proponen las cadenas privadas, y ejerce su papel para mantener la igualdad de condiciones en cualquier ámbito (mercantil, opinión pública…). Es por ello que valores de respeto, igualdad, democracia… estén presentes en la televisión pública, mejor o peor reflejados.



La Televisión Pública en la sociedad contemporánea

 Los servicios públicos de la televisión ofrecidos en la sociedad siempre han tenido diferentes interpretaciones y diferentes puntos de vista como rol en el contexto de la sociedad actual. Lo que nadie puede negar, pues está más que a la vista y demostrado, es que estas cadenas, a pesar de ofrecer este servicio “gratuito” (todos pagamos como ciudadanos un pequeño cánon para que esto sea posible), siempre les mueve algún tipo de interés y conveniencia. Frecuentemente (por no decir, siempre) estos intereses se deben a fines políticos y/o económicos.

Originalmente y a lo largo de la historia, la televisión ha permitido a muchas familias informarse de sus alrededores, informarse de lo que ocurría más alla de su pequeño pueblo y de su barriada, informarse de lo que ocurría en la provincia de al lado, de lo que ocurría en la comunidad autónoma española más lejana a su localidad, e incluso les daba la posibilidad de averiguar que ocurría en esos momentos no solo en la otra punta de Europa, sino de todo el planeta en su totalidad. Una imagen clásica de nuestra sociedad hace 30, 40 o incluso 50 años sería el hecho de que toda la familia junto a vecinos y amigos estuviera sentada en el salón de casa, alrededor del televisor, mirando la televisión, la cual posiblemente tenía un canal o dos solamente, y aquello se convirtía en una auténtica reunión lúdica- social, donde todos observaban hipnotizados aquello que por la pantalla salía. Podían ser noticias, podían ser deportes, publicidad… pero allí estaban ellos comentando lo que ocurría por la televisión. No solo lo comentarían durante la propia programación, sino que posteriormente hablarían de ello con el resto de la gente de su localidad. “¿Has visto esto que ha salido en la tele? ¿Has visto lo otro?”, desenlazando de tal forma, más adelante y poquito a poco a ser un medio de comunicación que actúa como modelo de conducta para la sociedad. A la vista está, hoy en día mucha gente da por válido y verídico lo que sale o dicen por la televisión, sin analizar quien lo dice y porqué razones lo puede estar haciendo.

Este es un hecho que debemos considerar en profundidad, pues son muchas las cadenas que actuan y programan dependiendo de su inclinación política, o mejor dicho, dependiendo de la inclinación política de quien manda en esos momentos, dependiendo de quien tiene el poder en esa determinada época. A raíz de esto se produce que a la población no le llegue la información 100% objetiva, pues siempre se ve modificada o alterada debido a unos intereses políticos particulares, que a largo plazo, siempre conllevan unos intereses económicos. Asímismo, este factor de modificación de la realidad en la información televisiva, conlleva también una notable manipulación de la sociedad a la larga, pues ésta solo está recibiendo la información que un pequeño grupo quiere que reciban. Esto no debería ser así, todos deberíamos tener información verídica. De esta forma nos harán falta muchas fuentes diferentes de información, para contrastarlas y analizarlas y quedarnos con lo que parezca más objetivo.

En fin, esto siempre ha sido así, el poderío político siempre se ha impuesto en los medios de comunicación, y siempre ha beneficiado a unos pocos, sin importarle mucho esa “cultura manipulada” que ofrecen y de la que bebe la mayor parte de la sociedad. Por supuesto, no se puede generalizar ya que no todas las cadenas televisivas actúan así, sin embargo, la inmensa mayoría lo hacen. Además, esto irá a más.

TV pública: ¿A favor o en contra?

Al hablar de televisión y de política siempre mantenemos un tenso debate acerca de la politización de los medios. Si a estos dos factores les añadimos el factor servicio público, patrimonio de todos, llegaremos a un nivel mucho mayor de tensión social y por lo tanto de polémica cultural.

El hecho de haber detrás de todo gran grupo de comunicación privado un interés político no debe extrañarnos, ya que quien consigue comunicar y convencer de unas ideas logra el poder, primero el político y más tarde el que verdaderamente interesa, el económico. Por lo tanto no es erróneo afirmar que información es poder y poder es riqueza. A esto se le une el hecho de la bipolarización de la sociedad, basta con que determinado medio, líder de opinión o lobbie afirme, para que otro niegue sistemáticamente, para así satisfacer las dos principales tendencias políticas.

Ahora bién, cuando un medio supuestamente público, financiado por todos los contribuyentes independientemente de su ideologia, el cual incluso como hemos visto en fechas no muy lejanas ha dejado de financiarse por la publicidad, es decir un medio totalmente dependiente del Estado, en definitiva de los ciudadanos, tiene un trato de favor con determinado partido político como suele ocurrir con el grupo parlamentario sobre el que recae el gobierno de la nación nos encontramos ante un claro caso de manipulación de la información. En definitiva un ejemplo de medio al servicio del poder del cual debemos alejarnos en la medida de lo posible para no caer en totalitarismos y ver como se tambalean los principios democráticos. Este es el principal inconveniente del medio público, supuestamente al servicio de los de abajo, los ciudadanos, y no de los de arriba, los gobernantes.

De esta manera no mentimos al afirmar que el principal problema de la televisión pública radica en la manipulación y corrupción de las misma, por lo demás nada tenemos que reprochar a un servicio a favor de la población y una ventana al mundo. La mal llamada caja tonta, es en realidad una caja amiga, amiga de la sociedad y más aun si hablamos de las cadenas públicas, lo que en realidad es tonto o estúpido es en muchas ocasiones la programación. En este punto no tan sólo nos referimos a esas abominables escenas de la vida política que desearíamos no haber visto nunca, más bien nos referimos al conjunto de la programación.

Resaltando los aspectos positivos diremos que gracias a su existencia, se nos ha mostrado y acercado al conjunto de la población hechos interesantísimos para la opinión pública en general. Mediante la televisión pública nos enteramos entre otras muchas cosas de la llegada del primer hombre a la Luna, de la muerte del general Franco y del intento de golpe de Estado del 23-F.

Por lo tanto este tipo de medio de comunicación ha sido desde su nacimiento un elemento existencial para el fomento de las ideas modernas y un elemento cohesionador de familias y naciones enteras sentadas junto a sus aparatos de televisión para empaparse de cultura, en definitiva de lo que pasa más alla de su barrio o de su pueblo.

Es cierto que ha servido en muchas ocasiones, principalmente durante el franquismo, como somnífero de la sociedad, como engañabobos y como hemos dicho anteriormente como principal valla publicitaria del gobierno; pero no es menos cierto su necesidad en el mundo globalizado en el que vivímos. De no ser por estos servicios públicos nos veríamos mucho más oprimidos por el interés privado.

Teoría funcionalista y comunicación política

A continuación comentaremos la actual situación del medio audiovisual y sus contenidos políticos como generadores de referencias sociales y estructuradores de nuevas técnicas de identificación social.

Relacionado con el tema de la teoría funcionalista encontramos los mass media y con estos la comunicación de información política, ya sea por retransmisión de debates, sesiones parlamentarias, mitines o cualquier otro formato del ámbito de la política.

La opinión publica, tan relevante en el tiempo en que nos ha tocado vivir, se genera en estos soportes o canales de distribución de saber y entretenimiento, los cuales no son más que un eslabón de la cadena de comunicación que irradia mensajes, retroalimentado, dependiendo del color del prisma con el que se miren estos mensajes, con otra información de igual signo político; un eslabón, eso si, de los más importantes.

La televisión como principal miembro de los mass media y la política como principal atracción de la misma forman un binomio omnipresente en el actual panorama social y cultural del mundo occidental. Bien es cierto que día a día la gente muestra mayor desinterés por la política en favor de otros espectáculos televisivos en los que se identifica mayor número de personas y que la política es una fuente de financiación secundaria, siempre por detrás de la publicidad, pero con todo y con eso los grupos políticos ejercen el poder en los fogones de las principales cadenas televisivas nacionales.

El contenido político diario de una cadena es enorme si tenemos en cuenta los grandes espacios de tiempo destinados en informativos y en no informativos, aunque siempre dejando el primer puesto a otros contenidos relacionados con el entretenimiento.

Tanto en el caso del los shows y programas de corazón como en el que nos compete, el de la política, la gente se ve reflejada en la mayoría de los casos con los principales personajes que aparecen en sus pantallas. Esta identificación permite que la gente se aferre a algo que justifique su existencia y su constante lucha por conseguir algo, por llegar a una meta.

Esta atracción social, al contrario de lo que pueda parecer, no es nueva sino que es una transformación de un hecho que ha acompañado al hombre durante todo su recorrido por la historia y nos lleva a entender comportamientos sociales e individuales que parten de la comunicación y que le vincula con los modelos y valores establecidos en la cultura a la que pertenece.

Por lo dicho anteriormente, se deduce que el binomio politicotelevisivo o televisivopolítico que se produce en la necesidad de identificarse con alguien semejante a uno mismo, moderniza el concepto de pertenencia a un grupo social definido. Este efecto es la principal función de los medios de comunicación en la sociedad, desde su creación en el mundo contemporáneo.

El funcionalismo se centra en el análisis de las funciones que mantienen la estabilidad social y los medios tienen en este hecho su principal objetivo porque no podemos olvidar que estos contribuyen a conformar la opinión pública e influyen determinantemente en la sociedad creando patrones y estereotipos en todos los campos y especialmente en el político.

Par finalizar diremos como hemos dicho al principio que todo depende del color del prisma con el que se mira la vida, pero fuera de generalizaciones no todo se somete a este patrón, la comunicación política es la excepción, lo único de todo lo que se ha dicho que no varia ya que todos coincidiremos en que los medios condicionan la creación de la opinión pública y la pertenencia a una estructura social.